La preboda es una de las mejores formas de soltarse frente a la cámara y conocer bien al que va a ser vuestro fotógrafo, en este caso yo, jaja.
Pero si además añadimos unas localizaciones interesantes, una luz del atardecer perfecta y dos preciosos caballos ya conseguimos que no solo sea una sesión de fotos sino que se convierta en una experiencia imborrable.
Y eso mismo sucedió con Rosa y Antonio. Pero mejor que lo veáis vosotros.
¡Espero que os guste!

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