Hay lugares que tienen una luz especial, y Casa Santonja, en Alicante, es sin duda uno de ellos.
Sus jardines rodeados de vegetación, la arquitectura señorial y la paz que se respira en cada rincón crean el escenario perfecto para una boda tan auténtica como esta.
Cuando Tamara y Víctor planearon su día, decidieron dar el «sí, quiero» al aire libre, bajo el templete que destaca por encima de una preciosa escalinata, aunque el espacio cuenta también con su propia capilla para bodas más íntimas.
La ceremonia fue un momento muy especial y simbólico, donde el susurro de las hojas y la luz tamizada por la vegetación crearon un marco inolvidable en esta boda en Casa Santonja.
Como fotógrafo, mi objetivo en un entorno así es dejar que las cosas sucedan.
Tamara desprendía una elegancia natural e impecable, y cada gesto entre ellos reflejaba la tranquilidad de quien sabe que está disfrutando de uno de los días más importantes de su vida. Mi trabajo consistió en capturar esa complicidad de forma orgánica, documentando las risas espontáneas, los abrazos sinceros con los invitados y la emoción a flor de piel, sin interrumpir el ritmo del día ni recurrir a posados artificiales.
Tras el banquete entre velas y buena música, la celebración se trasladó al interior: una impresionante sala abovedada de piedra, con el carácter de una antigua nave y una amplitud perfecta para dar paso a la fiesta, llena de energía y color.
Tener estas imágenes de tu boda no consiste solo en recordar lo que ocurrió, sino sobretodo en volver a sentir lo mismo que sentiste en tu boda. Por eso mi fotografía no solo describe momentos sino que transmite emociones, esas que te van a llevar atrás en el tiempo y que harán que no puedas evitar las lágrimas de felicidad cada vez que veas tus fotos.
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